“Charlas entre Páginas: Lo que Brodsky nos hizo pensar sobre el lector del siglo XXI”

08.10.2025

Queridos lectores:

Se rumorea que, tras leer el ensayo Cómo leer un libro de Joseph Brodsky, un grupo de jóvenes pensadoras ha quedado profundamente conmovidas. Dicen que sus palabras las llevaron a reflexionar sobre la manera en que, hoy en día, las personas eligen y disfrutan sus lecturas. Y aunque los tiempos han cambiado, pues vivimos rodeados de pantallas y notificaciones, aún persiste ese antiguo deseo de encontrar en los libros algo más que simples historias: buscamos respuestas, consuelo y quizás, un poco de magia.

Movidos por esa inquietud, estos intrépidos lectores han decidido escribirle una carta al mismísimo Brodsky, como si el tiempo y la distancia no existieran. En ella comparten sus pensamientos sobre lo que significa leer en el siglo XXI: lo que ha cambiado, lo que permanece, y sobre todo, la pasión eterna que solo la lectura puede inspirar.

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Estimado señor Joseph Brodsky:

Reciba un cordial saludo. Tras la lectura de su ensayo Cómo leer un libro, no podemos dejar de reflexionar sobre la vigencia de sus ideas en el mundo actual. Usted sostiene que "el modo de conseguir un buen gusto literario consiste en leer poesía", y aunque reconocemos la profundidad de su planteamiento, consideramos que en la sociedad contemporánea esta visión necesita ampliarse. Hoy la lectura no solo se mide por su valor estético, sino también por su capacidad de conectar, educar y transformar en un entorno digital y globalizado.

En primer lugar, coincidimos con usted en que la poesía enseña precisión y sensibilidad. Tal como afirma, "la poesía despierta en la prosa el ansia metafísica que distingue la obra de arte de las meras belles lettres". Esa capacidad de síntesis y profundidad sigue siendo una guía para la escritura actual. Sin embargo, hoy la poesía ya no habita solo en los libros: está presente en la música urbana, en las redes sociales y en los nuevos formatos audiovisuales que capturan la emoción humana. Leer poesía hoy puede significar también leer letras de canciones o escuchar un spoken word que expresa las mismas búsquedas que usted valoraba en los poetas del siglo XX.

En segundo lugar, nos gustaría cuestionar su idea de que "debemos idear un sistema que nos permita mayor economía" al leer, pues si bien el tiempo sigue siendo escaso, el acceso a la literatura nunca fue tan amplio. Gracias a las plataformas digitales, millones de personas pueden leer, compartir y debatir sobre libros, superando los límites del "océano de lo publicado" que usted mencionaba. La brújula del gusto, que usted invitaba a formar individualmente, hoy puede construirse colectivamente, en comunidades lectoras que cruzan fronteras y lenguas. La crítica literaria ya no pertenece solo a expertos, sino también a lectores comunes que recomiendan obras desde su experiencia.

Por último, deseamos matizar su afirmación de que "leer poesía nos hace aborrecer cualquier tipo de verborrea", porque si bien la poesía depura el lenguaje, no debemos despreciar los textos extensos o complejos. En tiempos donde prima la inmediatez, tal vez necesitamos justamente redescubrir el valor de la lentitud lectora, de la prosa densa y reflexiva. No todo debe ser conciso para ser valioso. Hay belleza también en los libros que requieren paciencia, aquellos que no se leen de un tirón, sino que se habitan poco a poco.

En síntesis, su ensayo sigue ofreciendo una brújula literaria, pero hoy esa brújula apunta hacia horizontes más amplios. La poesía, sin duda, sigue siendo un faro, pero no el único. Leer —ya sea un poema, una novela o una crónica digital— sigue siendo un acto de resistencia frente al olvido y la superficialidad.

Con admiración y respeto,

Josefa y Fernanda

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